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El Daguerrotipo

ENVIADO ESPECIAL A PARIS DEL NEW YORK STAR. CUBRIENDO LA PRESENTACIÓN EN SOCIEDAD DE UN INVENTO : EL DAGUERROTIPO. El enviado nos refiere a la sesión del 17 de Septiembre de 1839, en el Grand Hotel sito en el quai d'Orsay, al tiempo que nos resume el procedimiento: Daguerre cogió una placa de cobre plateado y frotó levemente la superficie de la misma con muñequillas de algodón mojadas en una mezcla de piedra pomez y aceite de oliva. Recubrió así toda la superficie y noté que frotaba primero en círculos y luego regularmente de arriba a abajo en movimientos paralelos. Luego lavó la placa con un líquido compuesto de una parte de ácido nítrico por 16 de agua destilada. Después calentó levemente la placa dirigida por el lado del cobre hacia la llama de una lamparilla. Le dió por segunda vez un baño de agua acidulada. Así preparada la placa podía exponerse a los vapores de yodo. Entonces se hizo la oscuridad en la sala. Se colocó la placa en la tablilla. El conjunto fue introducido en una caja provista de una tapa (...) el yodo estaba colocado al fondo y pasaba a través de un a gasa tensada sobre un marquito y colocada a media altura de la caja. Los vapores de yodo elevándose se repartían así de modo regular por toda la superficie plateada. Y se iba formando una capa de yoduro de plata de color amarillo cobrizo. Se trajo entonces una cámara oscura previamente enfocada sobre el paisaje exterior merced a un cristal esmerilado. La placa preparada fue colocada en la cámara oscura. Por la ventana, se veían las Tullerías el quai y el Sena; allí fue donde se coloco la cámara oscura el tiempo necesario para que los rayos del sol pudiesen actuar sobre la placa. Ello requería entre 5 y 40 minutos según la estación del año o el tiempo que hacia. El operador, o más bien el director de la operación no podía ver lo que ocurría sobre la placa. Tan sólo su experiencia podía informarle en cuanto a la acción de la luz y los progresos de la operación. Aquel día el tiempo estaba desapacible y la placa tuvo que estar más de un cuarto de hora en la máquina. Al sacarla la consternación fue general, aparentemente no había sufrido ninguna modificación y verdaderamente se dudaba del éxito. Sin embargo, resultaba difícil afirmar que nada se había dibujado en la placa, pues ninguna luz debía afectarla mientras no se terminase la operación. El señor Daguerre enseñó la placa durante 30 segundos, la cara plateada orientada hacia el suelo; tres espectadores abrían los ojos y sentenciaban "No ha salido nada". Entonces la introdujo en una caja , colocándola en un ángulo de 45 grados. Al fondo de esta caja, había una vasija de barro que contenía dos libras de mercurio que calentaba una lámpara hasta los 62 grados. Con el mercurio calentando, las partículas que se evaporaban y llegaban a fijarse en la superficie del metal preparado, que hacia aparecer la imagen. En la parte anterior de la caja una ventanita acristalada permitía vigilar la operación. Cuando estuvo a punto, la placa fue sacada y lavada con agua destilada, casi hirviente, saturada de sal marina o de hiposulfito de sosa... Todo estaba terminado y se pudo admirar a la redonda, la imagen, obra debida únicamente al sol. Nunca vi nada tan perfecto. Al ojo, cada objeto aparecía finamente grabado. Pero con una lupa se podía notar la diferencia de grano de cada piedra de la acera, incluso se podía haber conocido la materia, la índole de cada objeto... *Extraido del Libro Historia de la Fotografia de Boulez*

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